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Mi mamá vive sola: formas de acompañarla a distancia

Por Cristina Plata Pérez ·

Para acompañar a una mamá que vive sola no hace falta una sola gran solución: funciona mejor una red de pequeñas cosas que se repiten. Una llamada a hora fija, un vecino de confianza, un grupo al que ella vaya por gusto y, si la familia no alcanza a llamar todos los días, un servicio de acompañamiento. Lo más importante es que ella decida qué quiere y qué no.

¿Por qué preocupa que una persona mayor viva sola?

Vivir sola no es lo mismo que sentirse sola. Muchas mujeres mayores eligen su casa, su rutina y su independencia, y eso merece respeto. Lo que preocupa a las familias suele ser otra cosa: que pasen días sin hablar con nadie, que nadie note si algo cambió, o no enterarse a tiempo de que necesitaba ayuda.

La Organización Mundial de la Salud reconoce la soledad y el aislamiento social como un problema de salud pública. Por eso vale la pena pensar en el acompañamiento con la misma seriedad con que se piensa en las citas médicas.

¿Cómo empezar sin quitarle independencia?

Antes de organizar nada, pregúntele a ella. A muchas personas mayores les molesta sentirse vigiladas o tratadas como si no pudieran solas. Una conversación sencilla ayuda: qué le gustaría, a qué hora prefiere que la llamen, con quién le gusta hablar y qué le parece demasiado.

  • Hable de acompañar, no de cuidar ni de vigilar.
  • Proponga, no imponga: ella escoge qué acepta y qué no.
  • Empiece por una sola cosa y vea cómo le va.
  • Revise el plan cada cierto tiempo; lo que sirve hoy puede cambiar.

¿Qué opciones hay para acompañarla a distancia?

Cada opción tiene ventajas y límites. Lo usual es combinar varias, según la familia, la ciudad y lo que ella prefiera.

  • Llamadas de la familia a hora fija. Es lo más cálido, pero depende de la agenda de cada uno. Ayuda repartir días entre hermanos para que nadie cargue con todo.
  • Videollamadas. Sirven si ella maneja bien el celular; si no, pueden volverse una fuente de frustración.
  • Un vecino o una amiga de confianza. Alguien cerca que pase de vez en cuando o tenga el número de la familia. Conviene acordarlo con ella y con esa persona.
  • Grupos y actividades. La parroquia, un grupo de baile, de caminata o de manualidades. La compañía que ella misma elige suele durar más.
  • Centros Vida y programas del municipio. Los Centros Vida son espacios de atención y actividades para personas mayores; la Ley 1276 de 2009 los regula y cada municipio los crea y los organiza. Pregunte en la alcaldía o en la secretaría de inclusión social de su ciudad qué hay cerca.
  • Servicios de llamadas de acompañamiento. Alguien, o un asistente de voz, la llama con regularidad para conversar, y le cuenta a la familia cómo estuvo, si ella lo autoriza.

¿Qué hago si no alcanzo a llamarla todos los días?

Es lo más común, y no tiene por qué darle culpa. El trabajo, los hijos y la distancia hacen difícil llamar a diario. Lo que sí ayuda es que haya alguna forma de contacto frecuente y de saber cómo va, aunque no siempre sea usted quien llame.

Ahí entran los servicios de acompañamiento telefónico. En Cuéntame, por ejemplo, un asistente de voz llama al celular de la persona a la hora que ella escoge, conversa unos minutos sobre su día y, si ella lo autoriza, le manda a la familia un resumen por WhatsApp. No reemplaza las llamadas de la familia: llena los días entre una y otra.

¿Qué señales vale la pena comentar con un profesional de la salud?

Acompañar no es diagnosticar. Pero quien habla seguido con una persona nota cambios que conviene contarle a su médico en la próxima cita: que duerma mucho peor, que deje de comer, que ya no quiera salir ni hablar con nadie, o que se confunda más de lo usual. Anótelos con la fecha; esa información le sirve al profesional.

Si en algún momento hay una urgencia, como una caída, dolor en el pecho o dificultad para respirar, no espere: llame al 123.

Preguntas frecuentes

¿Cada cuánto debería llamar a mi mamá si vive sola?

No hay una regla fija. Lo que más ayuda es la regularidad: una llamada a una hora que ella conozca y espere. Muchas familias combinan llamadas propias con un servicio de acompañamiento para los días en que no alcanzan.

¿Cómo le propongo un servicio de acompañamiento sin que se sienta vigilada?

Preséntelo como compañía y no como control, y deje que ella decida. En Cuéntame, la persona mayor da su autorización en la primera llamada, escoge la hora y decide si se le cuenta algo a la familia. Si dice que no, no se la vuelve a llamar.

¿Qué hacer si mi mamá no contesta el teléfono?

Primero, intente de nuevo un poco más tarde: puede estar ocupada o sin el celular a mano. Tenga el número de un vecino o familiar cercano que pueda pasar a ver. Si cree que hay una emergencia, llame al 123.

Cuéntame no es un servicio de emergencias. Ante una urgencia, llame al 123.

Fuentes